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Full text of "La soberana : comedia en un acto y en prosa"

10 2 8 . 

ADMINISTRACIÓN 

LIRICO-DRAMATICA 



LA SOBERANA 



COMEDIA EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



sse- 



MADRID 

MAYOR 10, ENTRESUELO 
1899 



ADMINISTRACIÓN 

IvI RICO- DRAMÁTICA 



LA SOBERANA 



COMEDIA EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



Estrenada eu el TEATRO LARA de Madrid la noohe del II de 
Febrero de 1899. 



r$es; 



SEVILLA 

Imprenta de Francisco de P. Díaz, Gavidia 6. 
1899 



REPARTO 



Personajes 



Actores 



ADELA 
ROSA . 
LUÍS . 
ROQUE 
TOMÁS 



Sra. D. a Rosario Pino. 

», » Matilde Rodríguez. 
Sr. D. José Santiago. 

» » Juan Balaguer. 

» » Mariano Larra. 



Época actual. 



Las indicaciones están tomadas del lado del actor. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, 
sin su permiso, reimprimirla ni representarla en Es- 
paña y sus posesiones de Ultramar, ni en los países 
con los cuales haya celebrados ó se celebren en ade- 
lante tratados internacionales de propiedad literaria. 

El Autor se reserva el derecho de traducción, 

Los comisionados de la Administración Lírico- 
Dramática de losSRES. HIJOS DE D. E. HIDAL- 
GO, son los encargados exclusivamente de conceder 
ó negar el permiso de representación y del cobro de 
los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley, é ins- 
cripta la obra en el Registro de la Propiedad Inte- 
lectual. 



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Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/lasoberanacomedi251 1 1 guer 



ACTO ÚNICO 



Habitación bien amueblada. Puerta al foro. Dos puertas á la izquierda en pri- 
mero y segundo término. Balcón ala derecha y delante de éste una mesa 
escritorio con libros, papeles y una caja de cigarros. Librería figurada en 
segundo término derecha. Dos butacas. Sofá y velador á la izquierda. Ban- 
quetita para los pies debajo del sofá. Es de noche. Una luz colgada en el 
centro de la escena y otra encima de la mesa. 



ESCENA PRIMERA 

Adela y Luís 

L/UIS (Sentado á la mesa mirando unos papeles-) .¡Ñaua, HO lO en- 

cuentro. Y yo creo haberlo dejado aquí sóbrela 
mesa. 

ADELA (Sentada en el sofá con un periódico en la mano- ) xUeS anl 

estará.. ¿Lo has buscado bien? 

Luís Sí, mujer. He revuelto todos los papeles y no 
parece. 

Adela ¿Y era de importancia? 

Luís Un documento que se tiene que presentar al 
Juzgado y que de haberse perdido causaría gran- 
des perjuicios á mi cliente. 

Adela ¡Vaya por Dios! Pero tranquilízate, que no se 
habrá perdido.... ¿Y hace muchos días que lo 
dejaste ahí? 



Luís Unos quince ó veinte. Cuando me lo entregaron. 

Adela Puede que lo hayas colocado en otro sitio y no 
te acuerdes. Déjalo ahora, que ya parecerá. 
Cuando te refresques un poco harás memoria tal 
vez, (con intención.) aunque lo dudo, porque hoy 
parece que lo olvidas todo, y lo siento, pues hay 
cosas que no pueden olvidarse nunca sin acusar 
una gran falta de cariño. 

Luís No sé á qué te refieres y.... 

Adela Eso obedece á que ya no me quieres como antes. 

Luís No seas niña. El olvido es involuntario y no 
puede depender, por lo tanto, de la causa que 
indicas. 

Adela ¿Y si 3^0 te demostrase lo contrario; si te probara 
mi afirmación, qué dirías? 

Luís Pues me daría por vencido, y como al vencedor 
corresponde otorgar gracias, te regaría me con- 
cedieras el perdón por la falta que hubiera co- 
metido. 

Adela Ya eso es otra cosa. Vamos á ver: te interrogaré 
en forma, que por algo soy la esposa de un le- 
trado, (con gravedad cómica.) Conteste el acusado á 
las siguientes preguntas. 

-LUIS (Levantándose y poniendo á los pies de Adela la banqueta de los 

pies se sienta en ella.) Espera, espera un poco. Me 
sentaré en el banquillo. Ahora. 

Adela (con autoridad cómica.) ¿Cómo se llama usted? 

Luís Luís González, servidor de usía. 

Adela ¿Cuál es su estado? 

Luís Casado con una mujer muy bonita y.... 

Adela (interrumpiéndolo.) ¡Silencio! Concrétese á la pre- 
gunta y nada más. ¿Conque casado? Bien. ¿Y á 
cómo estamos hoy? 

Luís A treinta. 

Adela ¿De qué mes? 

Luís De Junio. 



- 9 - 

Adela ¿De modo que estamos á treinta del mes de 
Junio? 

Luís Eso es. 

Adela ¿Y en esta fecha no recuerda el reo hace dos 
años haber ejecutado... 

Luís ¡Ah! (Riendo.) ¡Já, já! Un suicidio, Es verdad, 
Adela mía, perdóname, perdona que haya olvi- 
dado que es hoy el segundo aniversario de nues- 
tro casamiento. 

Adela Y primero del nacimiento de nuestro hijo. Do- 
ble crimen, que tengo que castigar, (con mucha gra- 
vedad.) Déme usted un abrazo por cada uno. 

Luís (Abrazándola.) Como pena principal, y además las 
correspondientes accesorias. (Le besa las manos.) 

Adela (Levantándose.) Basta, basta, que no impongo tantas. 

Luís (Levantándose.) Eres un ángel Adela, y sabes re- 
prender mis faltas de un modo que me producen 
un doble remordimiento. ¡Si todas tuvieran el 
talento que tú! 

Adela No es talento, es que te quiero mucho y soy muy 
feliz á tu lado. 

Luís Y yo también muy feliz al tuyo. Mas como no 
hay felicidad completa, tengo el disgusto que me 
causa continuamente esa mujer, la nodriza del 
niño, con su carácter irascible, su altanería... 

Adela Es verdad. 

Luís Ya ves, por su causa has tenido que despedir 
hoy á la criada que era una buena muchacha. 

Adela Todo eso es cierto, y á mí también me hace su- 
frir, pero ella quiere mucho á nuestro hijo y hay 
que tolerarle algo. Este sufrimiento nos lo hu- 
biéramos evitado si yo lo criase. 

Luís De eso no hay que hablar. Gracias á Dios no 
estamos tan apurados de recursos. Una crianza 
destruye y envejece bastante. Luego, es una 
pensión. 



IO 



Adela 
Luís . 
Adela 



Luís 
Adela 



Luís 
Adela 



Sí; eso por de contado. No hubiéramos podido ir 
á ninguna parte. 

Pero yo creo que debíamos ya dar al niño otro 
alimento. 

No es posible, Luís. El médico y todas mis ami- 
gas me aconsejan que hasta cumplir el año y 
medio, debe seguir así. 
¡Seis meses más! Paciencia! 

(con cariño.) Verás qué pronto se pasan. No sufras 
por eso. Mira, ¿quieres llevarme esta noche al 
teatro, y así celebraremos el cumpleaños? 
Sí, hija mía, lo que tu quieras. 
Corriente. Pues se lo diré al ama para que tenga 

CUÍdaditO COn el niño. (üá unos pasos hacia la primera 
izquierda y se detiene.) ¡All! Aquí viene. 



ESCENA II 

Dichos y Rosa 

I\.OSA (Saliendo por la primera izquierda con medio panecillo én la ma- 

no y dirá con tono muy agrio.) Olll QUua S€ Uabra CreiQO 

el panadero que aquí somos unos perros, y trae 
un pan que cualquiera lo traga. ¡Vaya un pan! 

(Lo deja encima del velador.) 

Adela (con amabilidad.) Mujer no es tan malo. 

Rosa (con tono alterado.) ¿Cómo que nó? ¿Pero ustedes 
no tienen paladar? (con resolución.) Mañana mismo 
despido á ese bruto y se lo compro al que lo 
trae á la casa de enfrente. Vale diez céntimos 
más, pero es mucho mejor. 

LUIS (Reconviniéndola pero sin imperio.) No, no hará USted 

eso. Es un antiguo proveedor de esta casa y... 

ROSA (interrumpiéndole con altanería.) ¿Á mí qué me importa? 

Si ustedes quieren comerlo de ese, corriente, pero 
para mí se trae otro. 



— II — 

Adela (Disimulándola contrariedad.) Bueno', se traerá. 

Rosa (con la misma altanería.) ¡Lo mismo que el carnicero! 
¡Hum! Otro que tal. ¿Qué se habrá figurado ese 
tío? Vaya una basura que manda. ¡Ya se vé, 
como ustedes son tan tontos! 

Luís Muchas gracias. 

Rosa Pasan por todo, pero yo no. Yo tengo que cui- 
darme y quiero la carne de ternera. La diferen- 
cia en el precio es muy poca: treinta céntimos 
que no van á ninguna parte. 

Luís Y quiere usted que vayan á la carnicería. No 
está mal. 

Rosa (sentándose en el sofá.) ¡Pues no faltaba más! 

j_.UIS (Paseando y disimulando el enojo que siente.) ¡UÍ. ¡yué 

calor! 

Rosa ¿Calor? Pues si hace un frío que estoy tiri- 
tando! 

Luis ¡Ah! Es verdad. No había caído en ello. ( Aparte.) 
Esta mujer por contradicción varía hasta las es- 
taciones. 

Rosa Puede que yo lo sienta porque tengo debilidad. 
Hoy apenas he comido, ¡y como el niño es tan 
tragón! 

Adela Yo creo que no lo ha hecho usted del todo mal. 

Rosa (con tono muy agrio.) ¡Eso, eso es! Diga usted ahora 
que he comido mucho. ¡Cualquiera que la oiga!... 
Como usted no está criando se figura que un 
ama puede sostenerse (con desprecio) con dos hue- 
vos, medio kilo de carne con patatas, un poqui- 
11o de pescado, un panecillo y café. ¿Es eso un 
almuerzo? 

Luis No señora. (¡Son tres ó cuatro!) 

Adela Y á la hora y media de tomar ese bocadillo un 
kilo de fruta con una rosca. En la comida cuatro 
platos y otro par de huevos y para cenar un 
plato de carne, dos huevos más y chocolate. 



— 12 — 

Luis Migado, por supuesto. 

Rosa ¡Pues vaya una cosa! ¡Eso se lo come cualquiera! 
Yo necesito que me vea el médico, porque me 
estoy quedando en la espina, para que me man- 
de algo que me abra el apetito. 

Luis Si, ya la verá á usted (dar un estallido). 

Rosa Señorita, déme usted ahora una copa de vino 
con unos bizcochos. 

Adela Venga usted. ¿Y mi hijo? 

Rosa (contono agrio.) ¡Toma! ¿Dónde ha de estar? (seña- 
lando la primera puerta de la izquierda.) Allí dentro. JJOr- 

mido en su cuna. ¿Ó quiere usted que todo el 
día lo tenga en brazos? 

Adela (con dulzura.) No... no... ¡qué disparate! ¡Ah! Oiga 
usted, ama. El señorito y yo vamos á ir esta 
noche al teatro; procure usted no dormirse para 
que no llore el niño. 

Rosa (con extrañeza.) ¿Al teatro? 

Luis (con algún enojo.) Sí, al teatro. 

Rosa Es que yo no me quedo aquí. Yo voy con us- 
tedes. 

Adela (con dulzura.) Eso no puede ser, ama. Usted irá al 
teatro otro día. El niño acaba de vacunarse y 
no puede salir de noche. 

Rosa (a Adela.) ¿No? Pues entonces usted se queda 
conmigo. 

Luis (con ira.) La señorita va á salir. ¿Entiende usted? 

Rosa (con ironía.) ¡Ah! Una amenaza. Corriente. (Muy 
resuelta.) Pueden ustedes buscar quien críe á su 
hijo. ¡Pues no faltaba más! 

Adela Pero ama... 

Rosa Después que una se viene sacrificando; después 
que una viene dando su sangre, ¡estas son las 
consideraciones que se le tienen...! Dejarla en- 
cerrada! Si no fuera por el cariño que le tengo á 
ese inocente (Afligiéndose.) no se abusaría de mí, 



— 13 - 

no se me trataría de ese modo. (Llorando. Jí, jí, jí! 
Adela ¡Por Dios, ama! No llore usted que no hay 

motivo. 
Rosa (Llorando fuerte.) ¡Ay, qué desgraciada soy! ¡Jí, jí, jí! 

ADELA (Acercándose á consolarla y con cariño.) raímese USteu. 

(a Luís.) Luís, trae una poca de agua. 
Luis (con enojo á Adela.) ¿Esto más? 

ROSA (Llorando fuerte.) ¡Ay,. jí, jí! 

Luis (Aparte á Adela.) Pero... 

Adela (Aparte á Luis.) No puede sofocarse porque luego 
nuestro hijo... 

L/UIS (Aparte á Adela y con resignación.) JpUenO. (Al irse por la 

segunda izquierda yaparte.) ¡Paciencia, DÍOS mío! 

ESCENA III 



Adela y Rosa 



Adela 



Rosa 



(con cariño ) Vamos, procure usted tranquilizarse. 
Mire usted que no hay motivo para afligirse de 
ese modo. 

¿Que no hay motivo y me tratan ustedes como 
á un perro? (Llorando.) ¡Jí, ji, jí! Porque soy de- 
masiado buena, porque no tengo exigencias me 

SUCede todo esto. (Llorando.) ¡Jí, jí, jí! 



ESCENA IV 



Dichos y Luis 



Luis 



Rosa 



(Saliendo por la segunda izquierda con una copa con agua.) 
Aquí está el agua. (Acercándose á Rosa.) Beba USted 

una poquita. 

(Dando un empellón al vaso y con tono agrio.) JM O me ha- 

ce falta. Bébasela usted; ya estoy tranquila. No 



Adela 

Luís 

Adela 



— 14 — 

me marcho. He prometido criar al niño y faltan 
seis meses. Yo soy muy formal en todas mis co- 
sas. Pueden ustedes irse al teatro, pero eso si, 
les advierto que esta noche viene mi marido y 
tengo que hablar con él. 

(Coloca la copa en el velador y aparte á Luís.) 1 a Ves, nO 

es posible que yo salga. Anda, vé tú. 

(Aparte á Adela con enojo.) Yo qué he de ir. 

(Alto. ) Nada, no salgo. Ama, venga usted y le 

daré el vino COn los bizcochos, (se van Adela y Rosa 
por la primera izquierda.) 



ESCENA V 

Luís 



Luís Pues estoy divertido, pero muy divertido. Ser el 
dueño de mi casa y no poder disponer en nada. 
Estar supeditado á esa tarasca. Tener que ser- 
virla y rendirle tributo como á soberana. Y todo 
por mi hijo. (p au sa.) ¡Qué espíritu de contradic- 
ción tiene la picara! (Figurando que habla con Rosa é 

imitándola.) Ama, ponga usted derechito al niño 
para que pueda con más facilidad arrojar el fla- 
to. — Sí flato, eso, eso es lo que tiene el niño. Lo 
que tiene es. sueño. — Ama, cierre usted el balcón 
para que no se vaya á resfriar el niño. — Sí, eso es> 
aquí nos vamos á asfixiar porque á usted le dé 
la gana. — Y lo abre de par en par. (con mucha ira.) 
Yo sí que la asfixiaba, pero de una vez. (suena 
dentro el timbre.) Llaman. ¿Quién será? Una visita 
tal vez. Pues bonito humor tengo para recibir. 

\Sale por el foro y entra enseguida.) 



— i=5 - 

ESCENA VI 

Luís y Roque 

LUÍS (Desde la puerta y con alegría.) Adelante, mi querido 

D. Roque. ¡Cuánto tiempo sin vernos! 

Roque (Entrando.) Es verdad. Un año y tres meses. Lo 
llevo bien contado. 

Luís Siéntese usted. (Llamando.) ¡Adela! 

Roque Déjala, hombre, que estará ocupada. 

Luís No señor. ¡Adela! Viene enseguida, (se sientan junto 
4 la mesa de escritorio.) ¿Y qué ha sido de usted? 

Roque Pues hijo, he estado ausente de esta localidad 
todo ese tiempo. 

Luís Ahora comprendo... 

Roque Fui destinado á Valencia en la sección de fo- 
mento, pero el gobierno no ha querido que yo 
fomente mucho y me ha limpiado el comedero. 
Llegué hace tre's días, y hoy me acordé que era 
precisamente el segundo aniversario de tu casa- 
miento, y me dije; vamos allá, y pasaré la noche 
con ellos. 

Luís Muy bien pensado, yo me alegro en el alma, 

(Toma un cigrrro puro de la caja de tabacos y se lo dá á don 

Roque.) Vaya un cigarro. 
Roque (Tomándolo y mirándolo.) ¡Buen tabaco! Me lo fumaré 

luegO. (se lo guarda.) 

Luís Es un regalo que me han hecho. 



ESCENA VII 
Dichos y Adela 

ADELA (Saliendo por la primera izquierda con una botella de vino y una 
bandeja con un papel con bizcochos que colocará encima del ve- 
lador.) Buenas noches. Quietecito, no hay que 



— 16 — 

levantarse, amigo D. Roque, ¿qué tal? (Toma una 

silla y se sienta.} 

Roque Yo siempre fuerte y usted tan guapa como antes. 
Dispénsame Luisito, pero como ya soy un viejo 
pelele, no importa que requiebre á tu mujer. Ya 
saben ustedes que los quiero como si fueran de 
mi familia y hay sus razones para ello. (Dirigiéndo- 
se á Luís.), Tu padre y yo, fuimos como hermanos. 
Los dos estudiamos en el mismo colegio; á los 
dos nos dio al mismo tiempo el sarampión; los 
dos nos pelábamos el mismo día; juntos hicimos 
las calaveradas cuando jóvenes; juntos nos echa- 
mos las novias y junto fuimos á la Iglesia para 
casamos. 

Adela ¿También? 

Roque Sí, pero ya, desde que nos casamos, dejamos de 
hacer las cosas juntos. ¡Je, je! Y sin duda por eso 
fué tan distinta nuestra suerte: él dio con una 
santa, y yo, Dios me perdone, me casé con una 
india brava, que si no revienta, oportunamente, 
me revienta á mí. Ya había verdadera compe- 
tencia. 

Luis (Riendo.) ¡Já, já, já! 

Adela Siempre de buen humor. 

Roque Hija mía, ese es mi único capital, Pero vamos á 
ver picarones, no me habéis dicho nada de vo- 
sotros. Supongo que ya habrá sucesión, porque 
cuando me marché, si mal no recuerdo... 

Luis Sí, tenemos un niño, querido don Roque. 

Roque ¿Un varón? 

Luis ¡Claro! Si es un niño... 

Roque ¡Jé, jé! ¡Mi doble enhorabuena! Vaya, vaya, que 
no os podéis quejar. ¿Y cómo le habéis puesto? 

Adela El nombre de mi padre: Federico. Luís le llama 
Fede y yo Rico. Niñerías. 

Roque ¿Y lo cría usted, Adela? 



— 17 — 

Adela No, no señor, tiene nodriza. 

Roque Eso sí que es una desgracia. Hubiera sido mu- 
cho mejor que lo criase usted... 

Luis. Quedó algo delicada y... 

Roque. No, si lo comprendo. No habiendo otro recur- 
so... (Figuran seguir hablando.) 

ESCENA VIII 



Dichos y Rosa. 

K.OSA (Saliendo por la primera izquierda con una copa con vino y un 

bizcocho que come.) Han dado las nueve y sin veni r 
el picaro de mi marido. Estará en la taberna. 
Cuando llegue ya le ajustaré yo las cuentas. 

(Saludando con indiferencia.) Buenas noches, (se sienta 
en el sofá junto al velador y bebiéndose el vino que trae en la 
copa se sirve más de la botella, mojando bizcochos y comiendo-/ 

Roque (a media voz.) ¿Es esa el ama? 

Adela Sí señor. 

Roque Es muy guapota. Hombre, y tiene cara de ser 
buena. 

Adela Lo es en efecto. ¿Verdad, Luís? 

Luis Sí, si es muy buen ama... (Aquí los criados so- 
mos nosotros). 

Rosa (Aparte.) (Me parece que se están ocupando de 

mi.) (Pone atención.) 

Roque Pues eso es una ganga. ¡Oh! ¡Ya lo creo! La ma- 
yor parte de las nodrizas son tan exigentes., abu- 
san tanto de su situación en las casas... 

ROSA (Altoycon altanería.) ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qllé? 

Oiga usted; si yo abuso ó nó le debe tener á 
usted sin cuidado, (luís tose fuerte.) ¡Tuviera que 
ver! 

Roque (s™ haber entendido.) ¿Eh? ¿Qué dice? 

Adela No, nada, es su... su... ¿Usted comprende? (s on - 

3 



— 18 — 

riendo.) Cualquiera que la oiga creerá que... que... 
pero luego no... no... 
Roque ¿Luego no? 

LUIS No... luegO no... (Aparte mirando la actitud del ama.) (¡Va 

á ser ahora!) 
Adela (a Rosa con amabilidad.) Ama, este amigo nuestro 
la estaba á usted elogiando. Dice que tiene usted 
cara de ser muy buena y... 

ROSA (con sequedad.) ESO ya lo sé yo. (Vuelve á comer bizco- 

chos pausadamente basta el final de esta escena.) 

Roque (Aparte.) (Se me figura que no es lo buena que 
parece.) 

Adela ¿Lo ve usted? Siempre así... siempre de bromas 
y buen humor. 

Luis Sí, siempre, siempre. 

Roque Pues no saben ustedes lo que tienen con eso, 
porque allá en Valencia tengo yo un amigo que 
tenía una de caballería. Le hacía pasar las de 
Caín. Los papeles más ridículos que ustedes 
pueden imaginarse, y todo muy merecido, por- 
que su mujer pudo muy bien criar al niño, pero 
por no desmejorarse, porque no le salieran arru- 
gas, según ella decía, llevaron á su casa aquella 
fiera. El pobre de mi amigo se desahogaba en 
la tertulia del café contándonos lo que le ocu- 
rría. Algunas cosas eran verdaderamente chis- 
tosas. En fin, ni el pacientísimo Job hubiera 
aguantado lo que él. 

Luis ¿Sí, eh? 

Roque Lo que ustedes oyen. Una noche fui á invitar al 
matrimonio para ir al teatro; llevaba las entradas 
en el bolsillo; pues allí se quedaron, porque al 
ama le pareció conveniente negarles el permiso 

para Salir. (Luis y Adela se miran y demuestran con gestos la 
contrariedad que sienten oyendo á Roque. Roque riendo.) ¡J a, 

já, já! Aquel hombre era demasiado bueno. ¡Era 



— i 9 — 

un bendito! ¿No es verdad, Luisillo? ¡Cualquier 

día te quedas tú sin ir al teatro!. . . ¡Digo, con tu 

genio! 
Luis (con inquietud.) ¡Digo!... Cualquier día... cualquier 

día yo... (¡Si fuera cualquier noche!) 
Roque Pues no paró ahí la cosa: se me ocurrió pedir 

un vaso de agua... y á propósito, dispénsame 

chico, pero estoy muerto de sed. 

Adela ¿Por qué no lo ha dicho usted antes? (a Rosa.) 
Ama, haga usted el favor de traer á este señor 

Una poca (le agua. (Rosa hace un gesto de indiferencia y 
vuelve la espalda ) 

Roque Pues como decía, pedí el agua ¿y qué se creen 
ustedes que pasó? 

ADELA (impaciente.) ¿Ha OÍdo USted ama? (Rosa murmura en 
toz baja algunas frases y no se mueve./ 

Roque ¿No lo aciertas, hombre? 

Luis (intranquilo.) No.,, no señor. 

Roque (Riendo.) Pues que el señorito tuvo que servír- 
mela... 

Luis ¡Já, já, já! ¡Qué bueno! 

Roque Porque el ama no se movió... 

Luis (Muy distraído.) ¿No, eh? 

Roque (Riendo.) ¡Já, já, já! 

Luis (Aparte y apurado.) ¡Dios niío de mi alma! ¡Ni que lo 
hiciera adrede! 

Adela Bueno... usted querrá el agua... en un vaso ¿eh? 

Roq»e Es natural. 

Adela No... quiero decir que... que si quiere usted to- 
marla con un poco de anís de Burdeos? Como 
acabará usted de comer, le sentará mejor. 

Roque No me parece mal. 

Adela Pues entonces, si usted gusta iremos al comedor 
y de paso conocerá usted al retoño. 

Roque Bueno, vamos allá. 



— 20 — 

LUIS (Aparte.) (¡Ay! Respiro.) (Se van los tres por la primera 

izquierda.) 

ESCENA IX 

Rosa 

Rosa ¡Enseguidita le iba yo á traer el agua á ese anti- 
pático! ¡Vaya un tipo! Conque si yo tengo ó de- 
jo de tener cara de buena. ¿Y qué le importa á 
él eso? No, pues á mí que no me venga con in- 
directas, porque le voy á decir las cuatro verda- 
des. (Se oye dentro un silbido fuerte.) ¡Mi marido! VamOS 
ya Se le antojó Venir. (Asomándose albalcón figura hablar 
con el que está en la calle.) ¿Donde has estado? (pausa.) 

A otra que te crea, (pausa.) ¿Te abro? Pues ancla, 

SUbe. (se retira del balcón.) No; pilCS J T 110 aviso 

ahora á la señora. Así podré hablar con liber- 
tad. (^Se va por el foro y vuelve enseguida.) 

ESCENA X 



Rosa y Tomás 

Tomás (Entrando pop el foro.) Ya me tienes aquí. ¿Y tus 

amos? 
Rosa Están allá dentro con una visita que ha venido. 
Tomás Pues mira, déjalos que vengan cuando quieran. 

ASÍ estaremos mejor. (La intenta abrazar.) 

Rosa (Retirándose.) Estáte quieto, que me tienes muy 

enfadada. 
Tomás ¿Por qué, Rosilla? 
Rosa Por nada. ¿Por qué has tardado tanto? 
Tomás (con gravedad ) Hay momentos en que un hombre 



— Si- 
no puede huir la cara sin quedar mal y tiene uno 
que beber sin gana un vasillo de vino y... otro 
vasillo de vino... y otro vasillo de vino... Cuan- 
do cuatro amigos se empeñan... 
Rosa Es que no quiero que bebas. 

1 OMAS -DUeilO, mujer... (Tomás se pasea por la escena y so detiene 
junto al velador al ver la botella de vino. ) ¿Qué es esto.*' 
(Coje la botella.) 

Rosa ¿No lo estás viendo? Vino. 

TOMÁS (Deletreando la marca de la botella. ) M . . . i . . . mi . . . S . . . a . . . 

sá. Misa. ¿Oye, esto es para algún cura? 
Rosa No seas bruto. Esa es la marca. Ese vino es 

para mí. 
Tomás ¿Para tí y no quieres que yo' beba? 
Rosa Toma, porque tú te gastas el dinero, y como á 

mí no me cuesta nada... 

TOMÁS (intentando beber en la botella ) ¿Se podrá probar? 

Rosa No seas ganso, toma una copa. 

Tomás (Llenando la copa, bebe.) ¡Bueno de verdad! ¿Sabes 
Rosilla que esto no es una misa rezada, si no 
una misa á grande orquesta? ¡Vaya un vinillo! 

(Bebe otra copa.) 

Rosa No te vayas á emborrachar. 

Tomás Quita allá, mujer, que yo sé lo que me hago. 

Rosa Por poquito no me encuentras aquí. 

Tomás ¿Sí? ¿A donde ibas á ir? 

Rosa A casa contigo. 

Tomás Pues vente, ya sabes que estoy muy desaviado. 

(La intenta abrazar.) 

Rosa Déjame en paz. Yo que míe he de ir. ¿Voy á 
perder los diez duros todos los meses? 

I OMAS \ Acercándose á la mesa escritorio y mirando lo que hay en ella.) 

Pero si ya el chiquillo no te necesita. 
Rosa Pero nosotros sí necesitamos de él, borrico. Me 
quedan seis meses, que á diez duros son mil y 
pico de reales. 



— 22 — 



Tomás Corriente mujer; haz lo que se te antoje. Siem- 
pre has de hacer tu voluntad. (Abriendo la caja de 
cigarros toma uno ) ¡BuenOS puros! (Deletreando la faja ) 

R... e... re... g... a... ja... 1... rejal... rejalgar. 
¡Pues vaya un tabaco que fama tu señorito! ¡Re- 
jalgar! 

(Toma el cigarro y lee ) ¡Si aquí dice «Regalía». No 

seas zopenco. 

¡Ya! Creí. Como estaba algo borroso... (coge un 
cigarro, lo enciende >• fuma ) Oye, ¿se enfadará el seño- 
rito porque yo..? 
Qué se ha de enfadar. 

Y es verdad. ¿Su hijo no chupa tu sangre? Pues 
que yo chupe estos cigarros ¿qué importa?- Sabes 
que estoy muy cansado. .. (se sienta en el sofá ) Sién- 
tate aquí conmigo. (Rosa se sienta á su lado.) ¿A que 
no aciertas lo que estoy pensando? 

Rosa ¿Qué he de acertar? 

Tomás Pues en la función de donjuán Tenorio. 

Rosa Vaya una salida. 

Tomás Cuando dice el don luán: «¿No es verdad, ángel 
de amor?... ¡Y qué colores se te están poniendo! 
¡Claro! ¡Con ese vinillo! Dame un abrazo, mujer, 
y déjate de enfados. (s e abrazan.) 



Rosa 
Tomás 



Rosa 
Tomás 



ESCENA XI 



Roque 



Tomás 



Dichos y Roque 

(Saliendo por Irv^íegiinda izquierda pensatívq y no vé á los dos.) 

¿Tiene un año y todavía necesita la nodriza?... 

No sé, pero yO Creo... ( Vuelve la caray vé á Rosa y 

Tomás abrazados.) ¡Caracoles! ¡Que aproveche! (s e 

vuelve de espaldas.) 

(Levantándose se acerca á Roque y le toca con la mano en el 

hombro.) Yo soy su marido. 



— 23 — 

Roque Bueno . ¿Y á mí qué? 

Tomás Es que no vaya usted á creer que soy otro cual- 
quiera. 

Roque No, mire usted, eso á usted le tendría con cui- 
dado, á mí nó. 

TOMÁS Por SÍ acaSO. (Vnelve á sentarse.) 

ESCENA XII 
Dichos: Adela y Luis 



.LUÍS (Saliendo con Adela por la segunda izquierda sin ver á Rosa y 

Tomás. (A Roque). Conque ¿qué le parece á usted 
el niño? 
Roque Muy hermoso. Nada, no es adulación, debes es- 
tar Orgullosísímo. (Figuran hablar Luis y Roque ) 

Tomás (a Adela.) Buenas noches, señorita. 

Adela ¿Estaba usted ahí? 

Tomás Sí, señora, ahora he llegado. 

Adela Ama ¿por qué no me avisó usted? 

Rosa (con altanería.) Porque yo creo que mi marido no 

me va á comer. 

Adela No es eso, es... 

ROSA Si acaba de entrar, (se sientan ambas en el sofá y figuran 

que hablan) . 
1 OMAS (Se acerca á Luis y á don Roque que estarán junto á la mesa de 

escritorio.) Don Luís, buenas noches. 

LUÍS Muy buenas, (se sientan Luis en el sillón de despacho, don 

Roque en una butaca al lado de la mesa escritorio. Tomás coge 
una silla y se sienta al lado de don Roque, que estará casi vuelto 
de espaldas y no vé la acción.) 

Roque (a Luís.) ¿Quieres un cigarrillo?. 

LUÍS Bueno, fumaremos, (cuando Roque va á encender un fós- 

foro, Tomás le toca en el hombro con la mano y le ofrece su 
cigarro para que encienda.) 



- 24 - 
Tomás Vaya, amigo. 

ROQUE (Volviendo la cara.) ¿Eh? 

TOMÁS No gaste USted fósforos. (Roque toma el cigarro, encien- 
de, lee la faja y después lo devuelve á Tomás. ) 

Roque (Aparte á Luís.) Oye, Luisito, ¿el marido del ama 
ha sido el que te ha regalado la caja de cigarros? 

Luís (Aparte á Roque.) No. ¿Por qué me pregunta us- 
ted eso? 

Roque (Aparte á Luís.) Por nada. Mira qué coincidencia: 

fumas el mismo tabaCO que él. (Tomás, mientras tanto ( 
fuma lanzando grandes bocanadas de humo.) 
.L.UIS (Enojado, y después de examinar la caja de cigarros, aparte á 

don Roque.) (No; ¡es él quien fuma el mismo taba- 
co que yo!) 

ROQUE (Aparte á Luis.) ¿Y tú Consientes eSO? (Figuran hablar.) 

Adela (a Rosa.) Bueno, se lo compraré á usted y se lo 
hará la costurera. Mañana iremos á la tienda. 

Rosa Y al mismo tiempo me comprará usted los pen- 
dientes que me ofreció. Ya sabe usted; los quiero 
de corales y que sean grandes, (siguen hablando.) 

Luís (a Roque y en voz alta ) Y qué: ¿no espera usted que 
lo repongan en su destino, don Roque? (Tomás 

escucha con atención.) 

Roque ¡Qué sé yo! Si hay crisis como se presume y 
vienen los míos... 

TOMÁS (Acercando la silla para ser visto.) ¿Los de USted? ¡Cá! 

¡Los míos son los que vienen ahora! 
Roque ¿Eh? (Aparte áLuís.) Luís, guarda los cigarros que 
vienen los de éste. 

1_iUÍS (Aparte y levantándose alterado. Roque le sigue.) ¡üSte 

hombre, me Saca de quicio! (Luís y Roque se pasean y 
Tomás queda sentado fumando.) 

Roque (a Luís.) Te compadezco. Ya veo que aunque 
jefe, eres aquí el subdito. 

Luís (Disimulando.) No, no lo crea usted, hay que tole- 
rar algo. 



— 25 - 
Roque Bueno, hombre, pero no tanto. 

TOMÁS (Levantándose y acercándose.) Oiga USted, don Luís. 

¿El ama de un rey ganará mucho, verdad? 

JL.UIS (Con sequedad,) ol. 

Tomás Pues mire usted lo que son las cosas. La reina 
de Portugal ha tenido un chiquillo, y en nada ha 
estado que yo sea su segundo padre. 

Roque ¿Su segundo padre? 

Tomás Sí, señor; porque le hablaron á mi mujer para 
que lo criara. 

Roque ¡Hombre! ¿Y por qué no lo ha hecho? 

Tomás Porque ella es muy fiel y muy inocente, y como 
se ha comprometido á criar al hijo de D. Luís... 

Roque Pues esas ocasiones no se deb en desaprovechar. 

Tomás Es verdad, eso le dije yo, pero como ella es muy 
formal en todas sus cosas, no ha querido porque 
no se disgustara el señorito. 

Luís No; si yo... 

Roque El señorito no se hubiera disgustado. 

Tomás Además de que ella temía que el rey tuviera 
conmigo algún agarre. Sí, porque como yo soy 
republicano y él creo que no lo es... 

Luís (¡De buena se ha librado Portugal!) 

Rosa Señorita, yo quiero que mi marido cene conmigo 
esta noche. 

Adela Bueno, que cene. 

Tomás Pero, mujer, si yo no tengo hambre. 

Rosa Toma cualquier cosa. Un par de huevos y una 
jicara de chocolate. Y si quieres un poco de ja- 
món... ¿Me lo va usted á dar señorita? 

ADELA (Levantándose.) Sí, hija, SÍ; VOy por ello. ¡Luís! (áe 
hace una seña para que vigile á Rosa y Tomás y se vá por la se- 
gunda izquierda.) 

Luís Descuida. 



— 26 — 



ESCENA XIII 
Rosa, Luís, Roque y Tomás 

Roque ¡Ay, Luís, que bien se está solo! 

Luís No lo crea usted, yo soy muy feliz. Estoy con- 
tento. 

Rosa (á Luís con amabilidad ) ¡Señorito! ¿Quiere usted que 
le prepare la cena? 

Luís (Aparte.) ¡Qué amabilidad! (Alto. ) No, es temprano 
todavía. 

Rosa Era, porque como mi marido va á cenar, por si 
usted quería... 

Roque (Aparte á Luís.) Cenar con él. Ya ves; te convida. 

(Riendo.) ¡Já, já! 

Luís (con mal humor.) No, no tengo ganas. 

Rosa Corriente. ¡Tomás! Vente á la cocina. (Rosa y To- 
más se van por la segunda puerta izquierda. Luis al verlos ir vacila 
un instante entre marcharse detrás ó quedarse y corre tras ellos.) 

Luís Usted dispense. 

ESCENA XIV 
Roque 



Roque (Riendo.) ¡Já, já, já! Sí, vigila, vigila que á pesar de 
eso... (se sienta junto al velador.) ¡Pobre muchacho! Ya 
tiene lo que le hace falta. Y no quiere confesar 

lo que le SUCede. (Abre el papel de los bizcochos que está 
sobre el velador, distraído toma uno y mojándolo en el vaso de agua 

se lo come.) Pero yo creo que está en un error. 
¿Con un año todavía nodriza? (pausa.) Mi sobrino 
Ramón, mamó... ocho meses nada más, y hoy es 
canónigo de la catedral de Burgos, con un cogo- 



— 27 — 

te élSl. (Marca con las manos una gran circunferencia Toma 
distraído otro bizcocho y se lo come.) Mi primo Federico, 

según decía mi tía, no mamó más que seis, y 
aunque su cogote no es gran cosa, sus pulmones 
lo son: ¡detiene soplando un tranvía eléctrico...! 
(Acción y toma otro bizcocho.) Y yo, yo siempre le he 
oído decir á mi abuela que no mamé nada, sino 
que me aficioné á los bizcochos y bizcotelas, y 
cuando apenas hablaba los pedía diciendo. (R e - 

•medando la voz de un niño ) Mita, mita, ¡y Ule daba 
UnOS atracones. . . ! Jé, j é. . . (Como asaltado por una idea 
repentina.) ¡An! (Mirando hacia la primera izquierda, por don- 
de se irá después de coger un bizcocho .) ol... ¿rOr que nO 

he de intentarlo...? ¡Jé, jé, jé! 

ESCENA XV 
Luís 

J_,UIS (Saliendo por la segunda izquierda muy enojado.) JlStO es ya 

el colmo del abuso. ¡Convertirme hasta en vigi- 
lante de esos estúpidos! ¡Ay, amigo don Roque! 
(viéndose solo.) Pero ¿dónde se ha metido don Ro- 
que? 

ESCENA XVI 

Luís y Tomás 

Tomas (saliendo por U 2* izquierda.) Oiga usted don Luís. Yo, 

como marido de mi mujer, debo manejar todo 

lo que ella tenga. ¿Verdad? 
Luís Sí. 
Tomás Bueno, pues déme usted á mi todos los meses su 

salario, porque ella no me lo quiere dar y yo o 

necesito para comer. 



28 



Luís 
Tomás 



Luís 
Tomás 



Luís 
Tomás 



Luís 



Esas cosas las arreglan ustedes particularmente. 
Si, tiene la cabeza más dura... más dura que 
yo... Usted no la conoce, porque aquí está más 
humilde que un perro. 
¿Sí, eh? 

¡Digo! ¡Delante de ustedes -parece otra! Crea us- 
ted que es un bicho muy malo. Nunca me, ha 
querido dar ni una peseta, y ahora estoy sin tra- 
bajo. 

Pues entonces debe ayudarle á usted.' 
Usted opina que sí, ¿no es verdad? Ahora mis- 
mo le voy á decir que lo que es este mes lo co- 
bro yo. ¡Vaya si lo cobro! Y si no San Benito de 
Palermo será con ella. ¡Tuviera que ver! (seva 

por la segunda izquierda.) 

(Aparte.) (¡Qué bruto!) 



Roque 



Luis 
Roque 

Luis 
Roque 

Luis 

Roque 

Luis 

Roque 



ESCENA XVII 

Luís y D. Roque 

(Sale por la primera izquierda frotándose las manos con alegría 
hasta que empieza á hablar.) Escucha, Luís. ¿TÚ Sufres 

mucho por lo que ocurre en tu casa? 
Mucho. 

¿Tú sabes que yo te quiero como si fueras mi 
hijo? 
Sí, señor. 

Tú debes suponer que nada malo querría yo 
para tí. 
Es verdad. 

Pues yo voy á arreglarlo todo. 
¿Usted? ¿Cómo? ¿Tiene usted quizás otra no- 
driza mejor? 
¡Ya lo creo! De una pasta buenísima. Que nunca 



Luis 
Roque 



Luis 
Roque 

Luis 
Roque 



Luis 

Roque 



— 29 - 

te ha de replicar. ¡Que hasta consentirá que la 
pellizques! 

Pero ¿usted se chancea? 

No; nada de bromas. Has de tener paz y tran- 
quilidad completa. Has de ser el soberano en tu 
casa. ¿Me autorizas para que obre con libertad 
y para que haga lo que estime oportuno? 

(Vacilando.) Yo... no sé... 

Nada, nada de titubear. A lo que yo ordene has 

de decir amen. ¿Me lo prometes? 

Se lo prometo á usted. 

(con alegría.) Pues grita conmigo. ¡Viva la libertad! 

¡Viva la libertad! (se oye dentro un gran ruido de platos 

que se rompen.) Oye, ¿pero qué ruido es ese? 
Eso es en la cocina! ¡Qué escándalo! 
(Aparte.) Ahora es la mía. 



ESCENA XVIII 



Dichos: Rosa Tomás y Adela 



lvOSA \Que sale precipitadamente huyendo de Tomás, que vendrá tras 

ella amenazándola y detrás de ellos Adela muy apurada. Rosa se 
parapeta detrás de la mesa-escritorio y arroja á Tomás cuanto hay 
en ella gritando con fuerza ) ¡NÓj no te lo doy! Para 

gastarlo en vino ¿eh? Te equivocas. 

Luís Señora, ¿qué hace usted? 

Tomás (Amenazándola) ¡Rosa! ¡Rosa! 

Rosa (Desafiándoie.) ¿Qué? ¿Qué? Eres un tunante borra- 
cho y no te doy un cuarto. 

Adela (a Tomás ) ¡Pero, por Dios, deje usted á su mujer, 
que no puede sofocarse! 

Tomás ¡Pues si no pué sofocarse!... (luís le sujeta ) 

Luís (con autoridad.) ¡Quieto! No tolero este escándalo 
en mi casa, de modo que... 



— 30 - 

Rosa Déjelo, déjelo usted que venga, que lo voy á 
arañar. 

Adela (Que estará cerca de Rosa.) Ama, no se altere usted. 

Rosa (con altanería.) ¡Déjeme usted á mí ahora! 

Roque (con voz fuerte.) ¡Ea! Ya se acabó todo esto. ¡Si- 
lencio! 

Rosa (con mucha altanería ) No me dá la gana de callar. 
¡El demonio del viejo que ha de meterse en todo! 

Roque ¿Eh? ¡A la calle, deslenguada! 

Rosa No quiero. Usted no es mi amo. 

Roque Ya lo estás oyendo. Se burla de mí. Mánda- 
selo tú. 

Luis (Aparte á Roque.) Pero si se marcha, mi hijo... 

Roque (Aparte á Luís.) Prometiste obedecerme. 

LUIS (Aparte á Roque.) Pero. . . 

X\OQUE (Cogiendo á Luís por un brazo le habla al oído ) ¡Ven acá, 

insensato! 

LUIS (con alegría.) ¿Sí? 

Roque Sí. Vamos á ver: ¿qué dices ahora? 

Luís (saltando de júbilo.) ¡Que se vaya ahora mismo! 

ADELA (con estrañeza.) Luís, ¿qué estás diciendo? (Luis figura 
hablar bajo con Adela.) 

Rosa (a Luís.) ¿Me despide usted? Creo que llora el 

nifl.0. (Se dirige hacia la primera izquierda y Roque adelantán- 
dose se abre de brazos delante de la puerta impidiéndole entrar. ) 

Roque ¿A dónde va usted? 
Rosa A darle al niño... 

Roque (con ironía ) ¡Quiá! ¡Ya eso se acabó! A éste, (seña- 
lando hacia la puerta.) á esté lo Crío yO. 

Rosa ¿Qué está usted diciendo? 

Roque Lo que oye usted, (con mucho imperio y enojo ) ¡Va- 
yase usted á cri;jr al rey de Portugal! 

Adela (Aparte á Luís y con alegría.) ¿Sí, Luís? ¿Conque come? 

Luis (Aparte á Adela.) Don Roque me asegura que sí. 
Le ha dado bizcochos... 

Adela ¡Ay, qué alegría! (Alto.) Ama, se ha concluido la 
crianza; puede usted marcharse. 



— 3i ~ 

Rosa ¿Que se ha concluido la crianza? 

Tomás ¿Que se ha concluido la crianza? 

Roque ¡Si, señor! ¡Que se ha concluido la crianza! 

Adela Y no hay más que hablar. 

Rosa Eso será según, porque si yo me planto... 

Tomás Lo que es como se plante ésta... 

Luís La planto yo en medio del arroyo. 

Rosa ¡Ea! ¡Pues ahora no me dá á mi la gana de irme! 
¡No me dá la gana! ¡Se acabó! Pues tendria que 
ver que por causa de este vejestorio...! 

Roque ¡Cuidadito con lo que se habla!... 

Rosa ¡Si señor, vejestorio! 

Adela ¡Ama! 

Rosa ¡Qué ama ni qué niño muerto! ¿Le parece á us- 
ted bien echarme á la calle de esta manera? ¡Es- 
to es una infamia! ¡Esto es una picardía! ¡Estas 
son las consideraciones que le guardan á una 
después de tenerla sin comer! 

Luís ¿Cómo sin comer? 

Rosa Sin comer, ¡si señor! ¡Quiero que me oigan los 
vecinos: ¡sin comer! Tú, Tomás, vamonos á casa, 
que si no me va á dar la pataleta... ¡Hum!... Y 
si tienen ustedes otro niño tan tragón y tan feo 
como ese, ¡que lo crie el viejo también!... ¡Ham- 
brones!... ¡Hum!... (Váse de estampía por el foro.) 

Tomás ¿Lo ve usted, don Luis? Y. menos mal que no 
se ha enfadado... A los pies de ustedes, (váse.) 

ESCENA ÚLTIMA ' 
Adela, Roque y Luis 



Luís ¡Gracias á Dios! 

Roque ¡Y á este cura! Que si nó.. 

Luís Es verdad. 



— 32 — 

Adela (con alegría á Roque.) ¿Con que come el niño? 
Roque ¡Que si come, y me ha tirado un bocado en este 

dedo que por poco se lo lleva? 
Adela (Fijándose en los bizcochos.) ¿Se ha comido todos los 

bizcochos que faltan aquí? 
Roque No. El no se ha comido masque uno... Los 

demás... 
Luís Sí, se los habrá comido el ama. . . 
Roque No; me los he comido yo... 
Adela (a Luís.) Luís de mi vida, aun cuando me salgan 

canas y arrugas, si tenemos otro hijo... 
Luís ¿Tú serás su nodriza? 
Adela ¡Ya lo creo! 
Roque Pues si otro viene mañana, 

no olviden esta lección: 
la madre ó el biberón, 
mas nunca La Soberana. 



TELÓN 



-«>o*}~í<S>fr°0»~ — 



NOTA. — Gracias mil, á los artistas de Lara por la admirable interpreta- 
ción que hicieron de esta obrita; asi como á la prensa madrileña por los favo- 
rabilísimos juicios que emitió con motivo del estreno. 

G. y M. 



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prosa. 

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